

Las explotaciones salineras de La Almadraba de Monteleva, existentes desde época romana, fueron enajenadas en 1872 por el estado. En 1882 fueron adquiridas por una compañía francesa; más tarde las compraría Isabel Oliver y de Cueto para pasar luego a sus herederos, la familia Acosta con el nombre de Salineras de Acosta.
La nueva gestión de Isabel Oliver y los Acosta trajo consigo importantes beneficios que redundaron en el equipamiento urbano para los trabajadores salineros, construyéndose así la iglesia en 1907.

